Reabro con este artículo la actividad del blog. Y escojo para ello -sin ánimo de aburrir a mis escasos lectores- este tema tan controvertido: el cambio climático y el modelo económico.
Todas esas académicas discusiones acerca de lo que ocurriría en el futuro están ya obsoletas. El futuro ya está aquí. Todo el mundo percibe las alteraciones climáticas. Las teorías o hipótesis son susceptibles de ser discutidas, los hechos ocurridos no. Demostrado queda también que, esas exigencias de pulcritud científica que hacían muchos políticos y empresarios a las teorías acerca del cambio climático han sido inútiles. Exigencias que, por cierto, no ha superado ni al 50 % el modelo económico impuesto dictatorialmente en España, Europa y el resto del mundo. También hay que decir que carece de autoridad tanto el político como el financiero para dudar de las hipótesis científicas por una sencilla razón: ni la economía ni la política son ciencias, al no poder aplicárseles a ellas el proceder científico (repetición de condiciones y experimentos). Sólo una hipótesis científica puede ser rebatida por un científico.
Hace escasos días, veíamos al señor Gore transformado en el mesías del siglo XXI, amenazando con las trágicas consecuencias que sufrirá España. Efectivamente. No le falta razón. Sus tesis, más que estar avaladas, están tomadas de las más prestigiosas organizaciones científicas de los distintos países del mundo civilizado y de EEUU. Y no son ninguna novedad, están sobre la mesa desde hace 20 años. También han salido últimente dos noticias relacionadas muy curiosas: el impuesto verde de Sarkozy, y un estudio acerca de la evolución del consumo de petróleo en el futuro con un panorama estremecedor. Según este, los países en vías de desarrollo (China, India, etc.) triplicarán su demanda de petróleo en los próximos 20 años. Esto se traducirá en una crisis de suministro a escala mundial, en torno al año 2.015, en el que las instalaciones petrolíferas proyectadas para ese entonces no serán capaces de cubrir la demanda. Paralización económica, escala de precios y desabastecimiento de productos que cubren necesidades básicas en Europa y EEUU.
Y ahora, la guinda al pastel. ¿De quién es la culpa? ¿Es el ciudadano de a pié el que debe sentirse responsable y correr con los gastos? No. Así como tampoco debería haberse llevado -en mi opinión- ningún premio Al Gore. Él ha estado en un gobierno que ha bloqueado cualquier iniciativa para frenar las atrocidades medioambientales. Las responsabilidad es de los gurús del modelo económico. Está basado en la sobreproducción y el despilfarro. Está acabando con las reservas naturales y nos conduce al abismo de la desigualdad y desórdenes sociales. Hemos llegado a un punto en el que, o el hombre extermina al modelo económico, o el hombre será aniquilado por él. Por ejemplo, analicemos las consecuencias prácticas que tendría el impuesto verde de Sarkozy. Se trata de grabar fiscalmente los productos producidos en países que no han firmado el protocolo de Kyoto. Esos países son todos grandes productores en vías de desarrollo (a excepción de EEUU). Y no se haría más que desdecirse de la liberalización mundial del comercio, o darle una pequeña coz, según como se quiera ver. Además, protegería un poco a las empresas francesas frente a la irónicamente llamada “libre competencia”. Pero, eso sí, sin desenmascarar al modelo económico como responsable real. Tanto dá que se apruebe o no, no se solucionaría el problema desde su raíz. Y es que hay que pensar, que esos países en vías de desarrollo contaminan mucho, pero produciendo los artículos que se comercializan en los países desarrollados. Considérese también, que, a raíz de un abaratamiento de costes (no sólo basta con pagar una mano de obra inmunda) la contaminación generada en la fabricación de un producto cualquiera, es mucho mayor que la que se generaría produciendo esos mismo productos en Europa. Eso sin contar la contaminación generada en el transporte (un simple cepillo de dientes puede recorrer 13.000 Kms desde China a un establecimiento español) y las catástrofes sociales y económicas generadas por la deslocalización.
Otra ejemplo de la perversidad del modelo económico, flagrante pero inadvertido ante la mayoría, lo constituye en España el impuesto de combustibles. Es una de las principales fuentes de ingresos del Estado. Pero también es el precio de los combustibles uno de los principales lastres para nuestra economía. Hay que pensar que disponemos, por ejemplo, de unas vetustas instalaciones energéticas. A excepción del 21 % de la energía -generado loablemente en plantas nucleares que no emiten ni un sólo gramo de gases contaminantes- y un 15 % en renovables, el resto depende directa o indirectamente del petróleo. En vista del panorama, ¿no debería hacer algo el Estado? Obviamente. Y si no lo ha hecho es porque no puede. Las que antaño eran sus empresas y deberían cubrir el déficit generado por prescindir del impuesto de combustibles están en manos privadas. Pero hay estudios, no muy conocidos, y ya viejos que aseguran que se podría autoabastecer prácticamente a toda España con combustibles de origen vegetal, con un gravamen fiscal similar al del resto de actividades económicas. Y además se generaría mucho empleo y se frenaría el abandono del medio rural y la disparatada subida del precio de la vivienda.
En conclusión:
- Político-científicos y otros iluminados movidos por intereses particulares y no generales. CULPABLES
- Modelo económico: neoliberalismo (modelo de consumo, despilfarro, globalización, liberalización y privatización) CULPABLES
- Ciudadanos: INOCENTES pero responsables por haberse dejado engañar
Anecdóticamente, os dejo aquí el link a un artículo de ‘EL PAÍS’ de cómo será la Zaragoza del futuro (medioambientalmente, y con todos mis respetos a Juan Alberto) y otros variopintos horrores.
Saludos y gracias a todos.

Coma sempre moi atinado e elegantemente argumentado; unha delicia lerte. Apertas!
menos mal que vuelves a publicar. ya era hora hombre!!!
bueno, en general, de acuerdo con lo expuesto. aunque, siguiendo en tu línea de polemista acérrimo, eres demasiado taxativo en alguno de tus argumentos. y creo que bien merecerían importantes matizaciones. si bien, como no quiero abundar demasiado en la redacción, sólo haré dos:
1) no niego los datos que aportas sobre la “energía vegetal” que tanto nos aportaría, porque sencillamente no dispongo de otros. sin embargo, creo que según he podido leer, hay otras tecnologías perfectamente desarrolladas y con grandes ratios productividad-cuidado del medio ambiente, a saber, por ejemplo, el hidrógeno. De apostar definitivamente por ésta, desterrando a los combustibles fósiles tradicionales, la tecnología sería aplicable en pocos lustros. Mientras se aplica pragmáticamente, pues en su dimensión teórica está lista, la energía nuclear, podría ser una buena solución temporal y a corto plazo. En fin, la “energía vegetal” sería una opción complementaria, nunca la principal. No creo que mereciera la pena ser absolutamente autárquicos energéticamente si con ello tendríamos que desarrolar una teconlogía única y peculiarmente española. NUestros coches, maquinaria y demás seria diferente. Imposible e irrealizable, creo yo. En cualquier caso, no se puede descartar nada.
2) Atisbo un importante “escurrimiento del bulto” al absolver al ciudadano de a pie de toda responsabilidad con el cambio climático. Todos somos responsables de ello, sencillamente porque hemos sido cómplices. Nadie hemos renunciado a las comodidades modernas, muchas veces a sabiendas de que maltratamos el planeta. Serán inocentes de verdad los que se hayan convertido en auténticos ermitaños o anacoretas. Los demás, tenemos nuestra parte de culpa. En distintas gradaciones, efectivamente, pero la tenemos. La solidaridad con nuestro medio comienza por reconocer nuestra parte de culpa. La tuya y la mía. Lo otro es cómodo y fomenta el autoengaño, amén de ser la base de muchos insolidarios o que prefieren mirar hacia otro lado.
Bueno Juan, espero que publiques con más asiduidad. Un abrazo.
Saludos,
Con respecto al punto 1, no me he explicado con corrección. Me refería a etanoles destilados de materia vegetal y a aceites vegetales. Ya se producen en todos los países. El primero subsituye a la gasolina y el segundo al gasóil. Se pueden utilizar indistintamente en los motores de combustión actuales, con unos pequeños ajustes. El biodiesel (al 100%) contamina la mitad que el diesel normal. Y un motor de gasolina normal, utilizando etanol, sólo emite por su tubo de escape vapor de agua. En el caso del etanol, estamos hablando de un compuesto mucho más noble que la gasolina. La reacción de combustión es casi perfecta, por lo que no hay residuos. No es ninguna novedad, en Brasil hace casi 15 años que es obligatorio que los vehiculos puedan funcionar con dos combustibles. O bien etanol y gasolina, o gas y gasolina. Ahora mismo, estan comenzando a exportar etanol a EEUU. No es Brasil un país caracterizado por su alta tecnología, pero instalan en cada coche un pequeño módulo electrónico, que con pulsar un botón, cambia el tipo de combustible.
El hidrógeno, en mi opinión, no soluciona nada. Y además exige una renovación y sustitución completa de toda la tecnología actual. Tiene varios problemas:
1) Se obtiene sólo del agua, mediante el proceso de electrólisis. Es decir, al descomponer una molécula de agua, obtenemos dos de hidrógeno y una de oxígeno (supongo que te acordarás de cuando hicimos eso en mi casa, con las probetas del quimicefa, jeje). Mediante este proceso, el agua desparece. Tras la combustión, aparece una cantidad un poco menor de vapor de agua. Como el agua es un recurso limitado, y que regula el clima, el uso masivo de este sistema podría alterar gravemente el clima.
2) En el proceso de electrólisis, se consume mucha energía eléctrica. Viendo los datos de generación eléctrica, la contaminación, en vez de salir por un tubo de escape, saldría por una chimenea de una central térmica. Y no reduciríamos para nada la dependencia de los combustibles fósiles.
Hay que tener en cuenta también, que el uso del hidrógeno, generaría nuevos grupos de poder, similares a los del petróleo. Sin embargo, la producción de combustibles, generaría riqueza social, en tanto en cuanto que comenzarían a producirlo todas las explotaciones agrícolas y ganaderas españolas. Esto ayudaría económicamente al sector primario, afianzando profundamente una de las bases de la economía de las zonas menos desarrolladas de nuestro país y fomentando las inversiones. Teóricamente, se redistribuiría la riqueza, por tratarse el combustible de un bien industrial absolutamente imprescindible.
Saludos y otro abrazo