Este objeto que todos tenemos en nuestras casas es el motivo del post. ¿Por qué? Porque dentro de poco desaparecerá. Ya no las veremos más.
Su ausencia responderá a las políticas “medioambientales”. Resulta ahora que parece ser ella la causante del calentamiento global, y ha de ser sustituída por esas modernas y ecológicas bombillas de bajo consumo que producen dolor de cabeza y sensación de hospital. Eso porque la “superbombilla” reduce un 60 % el consumo frente a las clásicas (incandescencia), dura el triple de horas y cuesta sólo 10 veces más.
No se trata aquí de dar argumentos. Porque sobran. Si nos fijamos un poco, vemos que una bombilla de bajo consumo dura la mitad que una normal en lugares como un cuarto de baño (humedad) o un portal, donde se enciende y apaga continuamente. Su poder lumínico va decayendo aún con el uso normal (encendiendo y apagando poco) y al final tardan varios minutos en no alumbrar nada. Y en su fabricación se contamina mucho porque se utilizan materiales altamente agresivos y peligrosos para el entorno natural. Se trata de que, siendo taaaan liberales las instituciones, si yo pago la electricidad y la bombilla, pongo la bombilla que me dé la gana y la tengo encendida el tiempo que quiera. Habrá que obligar a que esa electricidad se produzca de forma ecológica a las multinacionales. Cuando su inversión repercuta en la tarifa eléctrica, ya decidirá el ciudadano en qué gastar su dinero. Por cierto, la brillante idea ha sido propuesta a la Comisión Europea por Philips, uno de los principales productores de bombillas de bajo consumo. Y es que todos sabemos que las multinacionales portan los estandartes de la batalla por el medio ambiente, claro. En este caso, con un pequeño sacrificio que asuman los 300 millones de ciudadanos europeos, al comprar bombillas de bajo consumo que cuestan 6 € en vez de 60 céntimos, y gracias a la ayuda de las multinacionales (que multiplicarían por 10 sus ingresos) conseguiremos acabar con el problema del calentamiento global. Todo esto, por supuesto, a golpe de decretazos y leyes estúpidas que desacreditan a las instituciones europeas a cambio del lucro de unos pocos.
Sépase que el que suscribe, tiene unas bonitas lámparas de cristal de Swarovski en los pasillos de su casa, con treinta años de antiguedad, en las que no entra ningún modelo de bombilla de bajo consumo. Afortunadamente, porque si lo hiciera, el cristal no descompondría la luz blanca en bellos colores, perdiendo todo su encanto. Cuando este nuevo complot se consume, no dudaré en encargarle a mi buen amigo “3K” que me compre bombillas normales en el tan denostado Marruecos.
Por cierto, os dejo el enlace a la noticia aquí

Buen tema, en el cual estoy totalmente de acuerdo contigo, veremos lo que pasa…
De acuerdo con que compensaría más generar electricidad ecológica (energía azul, dicen que se llama) que gastar bombillas de bajo consumo. Y más sabiendo que se contamina bastante al fabricarlas, dato que desconocía.
Aún sí, es probable que ambas cosas se pudieran llegar a complementar, dudo de que sean excluyentes.
Y como yo no soy especialmente liberal en esto de la economía, tampoco permitiría que cada uno tuviese el tiempo que le diera la gana la bombilla encendida. Al igual que creo firmemente, y eso veo que coincidimos, que no son precisamente los empresarios los que derrochan sensibilidad social ni son los garantes del estado del bienestar. Pero en fin, para teorías económicas ya tendremos tiempo, que seguro que acabarás disertando bastante sobre ello.
En cualquier caso, interesante artículo. Me ha gustado.
Un abrazo
Tampoco yo soy liberal en economía. Ya lo sabes. De hecho, no me defino como antiliberal, porque no me gusta ese prefijo. Queda como demasiado facha. Intentaba mostrar la contradicción de aquellos que sí dicen serlo.
Quede claro que yo defiendo el ahorro. Pero no el ahorro impuesto. Y menos cuando afecta al ciudadano de a pie y no a los verdaderos responsables del desastre medioambiental.
Saludos